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Rumbo a la confianza y a la conexión:
     pautas claves para científicas

By Sheella Mierson and Francie Chew

¿Qué tipo de trabajo haces?”

Soy científica.”

¡Debes ser muy inteligente! Yo nunca fui muy buena en ciencias en la escuela.”

¿Le suena conocido? Como científicas nosotras pasamos nuestra vida trabajando en áreas donde muchas mujeres creen que no serían capaces de estar. Cuando mujeres de otros campos de trabajo nos conocen, se cuestionan acerca de su propia inteligencia. Conocen el sexismo interiorizado.

Trabajar hacia la igualdad de género en la ciencia requiere de un esfuerzo en dos frentes. El primero, activismo para cambiar las condiciones externas, el cual es tema de otro capítulo en este volumen. Aprender acerca de pólizas de igualdad sexual y estrategias para alcanzar el éxito, nos ayudan a articular una visión y a dibujar una inspiración basada en las experiencias de otros. El segundo se enfoca en cambiar las pólizas y prácticas institucionales, trabajando para cambiar actitudes si es necesario; por otro lado las tradiciones y pólizas sexistas pueden reaparecer y ser perpetuadas de otra forma. Este capítulo se enfoca en la segunda área y en particular en mostrar como la confianza de las mujeres científicas y la conexión con otros contribuye para ambos a mejorar sus respuestas personales en eventos externos y también a cambiar factores externos. Nosotras vimos que los esfuerzos en estas dos áreas –– condiciones externas y actitudes –– se complementaron para establecer igualdad de género en la ciencia y en otros campos.

Sexismo, sexismo interiorizado y estereotipos acerca de científicos
El sexismo es un sistema institucionalizado, donde las mujeres y los hombres son tratados diferentemente basados en su género. Hay diferencias en cuanto al acceso que se tiene hacia los recursos y el poder que se tiene en tomar decisiones acerca de esos recursos. Uno de los géneros esta destinado para la explotación y la exclusión, mientras que el otro género impone maltrato sistemático. Ninguno de nosotros escoge que papel quiere jugar en este sistema, pero estamos acostumbrados a que al pasar del tiempo crecimos conforme el rol que juegan los géneros.

Cuando esta socialización incluye desinformación acerca de nuestras habilidades en ciencias y matemáticas, se puede llegar a distorsionar la expectativa del género. Esta expectativa influye en el trato que nos damos a nosotros mismos, entre nosotros y con lo miembros de otro género con relación a las ciencias y a las matemáticas. De estas actitudes puede surgir un sexismo interiorizado en las mujeres (como miembros de un grupo objeto de la exclusión o explotación) y actitudes, comportamientos sexistas en hombres (como el grupo que implementa el sistema).

Un aspecto importante acerca del sexismo interiorizado para mujeres científicas es que muchas de nosotras nos enojamos y tenemos dudas acerca de nuestra inteligencia y competencia, dudas que permanecen a pesar de que todo evidencia lo contrario. Los estudios de Sheila Widnall (1988) muestran que las mujeres científicas pierden la estima hacia los hombres en la escuela, cursos de pregrado y postgrado. Sin embargo esto sigue ocurriendo, aunque el desempeño de los hombres como el de las mujeres es muy similar. Estudios realizados por Gloria Steinem (1992) indican que esta pérdida de estima ocurre de mujeres hacia hombres en todos los campos. En la escuela y en la universidad, aunque las calificaciones de las mujeres son mejores que las de los hombres, las expectativas de los hombres para consigo mismos son más altas (ver Ruskai 1991). Para futura documentación acerca de las experiencias de la mujer en la escuela y en la universidad, ver Weiler (1988); Hall y Sandler (1982); Sandler (2002).

Una de las razones que plantea Steinem (1992) es que las mujeres aprenden a no tomarse en serio porque con frecuencia no son tomadas en serio por los profesores. Numerosos estudios muestran que los hombres son llamados con más frecuencia y hablan más en sus respuestas promedio (que las mujeres), todavía (en un estudio) cuando (maestros) muestran películas que propician discusiones en los salones de clase; cuando los hombres les hablan a las mujeres, en un promedio de tres a uno, los maestros –– incluyendo feministas –– todavía perciben que las mujeres hablan mucho más. Nosotros estamos entrenados culturalmente para pensar que las mujeres hablan mucho y por lo tanto nosotros debemos ser buenos al escuchar: parece entonces que estamos de acuerdo con estas reglas que nos catalogan en contra de nuestras expectativas, lo cual no es una realidad (Steinem 1992, p 120).

Dichas expectativas pueden penetrar hasta a las personas con mejores intenciones (Dovidio y Gaertner 1998), y se aplican a mujeres en todos los niveles de la ciencia (Sonnert y Holten 1996; Fox 1999), y son la mayor razón para aplazar el progreso para obtener equidad institucionalizada para el género.

Una complicación interesante ocurre cuando los estereotipos acerca de los científicos se cruzan con el sexismo interiorizado. Uno de los grandes estereotipos es que los científicos son más inteligentes que otras personas. Esta creencia, la cual, de hecho, no tiene base, mantiene a estas (otras personas) convencidos de que hay otros más inteligentes y poderosos. Un segundo estereotipo es que los científicos tienen menos necesidades y habilidades para socializar que otras personas. Este estereotipo parece afectar a hombres y mujeres científicas en diferentes formas. Para los hombres, refuerza la condición de que supuestamente deben ser independientes emocionalmente y que las mujeres piensan mejor respecto a las relaciones de pareja que los hombres. Para las mujeres algo diferente sucede; en nuestra sociedad las mujeres son relegadas a alimentar (nutrir) la relación sexual. Cabe notar, que algunos consideran que la responsabilidad es solo de nosotras y es la única forma en la que podremos ser exitosas. Si las mujeres científicas son vistas desde el punto que no son capaces de alimentar una relación y que no necesitan tanto de las relaciones de pareja, entonces, las mujeres científicas tendrían que ser apartadas de las otras mujeres. Este distanciamiento puede contribuir a cualquier aislamiento que experimentemos como mujeres científicas.

El sexismo interiorizado y la acumulación de efectos provenientes de un tratamiento desigual tienen algunos efectos particulares en nosotras como mujeres científicas. Adicionalmente para comprometer la confianza en nosotras mismas y nuestra habilidad para recordar nuestras metas, estas actitudes pueden perjudicar nuestra habilidad para detectar conexiones y compartir cosas comunes con otros, incluyendo otras mujeres científicas (Mierson y Chew 1993). Convenciéndonos del hecho que somos solitarias, combinado con todas aquellas dudas internas que tenemos acerca de nuestra competencia, se pueden llegar a ocasionar dificultades a nivel personal. Cualquier síntoma de aislamiento detiene ambos sentimientos, desde el que llevamos dentro como un sexismo interiorizado, hasta el aislamiento exterior, dando como resultado para nosotras la baja representación y el estatus desigual en las ciencias. La conexión con otros hace más fácil recordar que las dificultades de cada uno están por encima de los defectos de cada uno. Tratamientos diferentes obtenidos en diferentes campos (interceptando diferentes identidades de individuos de diversos grupos que reciben tratamiento desigual en nuestra sociedad, como lo son las clases trabajadoras, mujeres de color, judíos, lesbianas o mujeres mayores), pueden reforzar el aislamiento y debilitar la autoestima (Por ejemplo Malcom, Hall y Brown 1976, para mujeres científicas que son de color). Cuando nos damos cuenta que hemos estado en situaciones que no nos permiten alcanzar la superación fácilmente, podemos, entonces, darnos todo el crédito por perseverar y prosperar como mujeres científicas.

Las actitudes de sexismo y sexismo interiorizado refuerzan y perpetúan en la institucionalización y las políticas científicas, la desventaja de las mujeres con respecto a los hombres en representación, estatus y tratamiento. Cambiar las políticas y las prácticas institucionales es la mitad del trabajo; además el hacer internamente el trabajo nos hace un poco menos vulnerables, más dispuestas a responder efectivamente a cualquier tratamiento desigual y además a aliarnos con otros para luchar por nuestros derechos.

Reclamando nuestra inteligencia, confianza y hermandad
La realidad es que ambos tanto hombres como mujeres prosperan cuando se sienten bien consigo mismos, con su inteligencia y cuando tienen las relaciones que ellos desean con otras personas.

Cada una de nosotras es maravillosa – inteligente, única, mujer y científica. Podemos mantener la habilidad humana de amar, de estimular una relación íntima y de todas maneras seguir disfrutando de otra parte del ser humano, a saber curiosamente, la inteligencia. La realidad acerca de las mujeres es que nos sentimos completas contribuyendo en la ciencia y también nos sentimos llenas siendo mujeres.

Recomendamos cuatro enfoques para afirmar nuestras voces y ayudar a otras personas que quieran hacer lo mismo:

1. Como parte de una cadena de ayuda, establecer una reunión regular con un amigo. Reunirse una o dos veces por semana; de media a una hora en persona o por teléfono es un buen comienzo. Ponerse de acuerdo para socializar en otro momento y mantener confidencias entre ustedes. Cada persona elige un turno (10-25 minutos, nosotros utilizamos un cronómetro de laboratorio). Cuando sea su turno para hablar, enfoque todos sus logros hacia esa semana, hable acerca de que ha estado bien y que ha estado cambiando, y piense en voz alta acerca de los próximos pasos a seguir en cualquier área de su vida. Esta bien hablar acerca de sus sentimientos, alegrías, tristezas, molestias. Estas son manifestaciones físicas que lo liberan emocionalmente; usted estará entonces menos agobiado por los sentimientos y en una mejor disposición para pensar claramente (Jackins 1978). Cuando sea su turno de escuchar, hágalo atentamente y ante todo apoyando a la persona que habla; no interrumpa a la persona que habla con preguntas, comentarios o consejos. Déle a cada persona la oportunidad de escoger su propia agenda. Al final del turno para hablar asegúrese que la atención de dicha persona se enfoque en algún aspecto propicio del presente, como lo es contar cuantas piezas de cierto color se encuentran en el cuarto. Un consejo: Si usted bebe alcohol, hágalo en otro momento. Los cambios psicológicos ocurren cuando usted libera sentimientos, dando como resultado un pensamiento más claro. Cuando el alcohol esta presente en el cuerpo estos mecanismos funcionan diferente y por lo tanto los beneficios son menores. En algunas culturas a las personas se les permite mostrar sus sentimientos principalmente cuando beben, lo cual significa permitirnos hacerlo en otros momentos.

2. Recuerde los momentos cuando usted (u otra mujer) resistió o desafió enérgicamente el sexismo y el sexismo interiorizado, cualquiera que sea la posición, bien sea para usted o para asistir a otros. Este recuento de historias personales y colectivas, le recordara su coraje, pasión, preocupación por otros, generosidad e ingenio. Esto le recordara que usted ha estado activo y que ha escogido quedarse y pelear o negociar, que ha persistido. Estos recuerdos algunas veces pueden provocar sentimientos, pero estos a su vez hacen parte del proceso para sanar las heridas emocionales. Usted puede escoger su turno en la sesión dyad en este tema.

3. Si usted enseña, promueva la participación activa de todos los estudiantes (por ejemplo, Mierson 2000; Ligth 2001, Chew 1992). Comprometa a los estudiantes que son tímidos con el contacto de su mirada. Solicite preguntas o respuestas a las personas que no participan muy frecuentemente en la clase. Promueva actividades mentales con estudiantes dyads que fomenten la reflexión. En esas actividades de “pensar y escuchar”, un estudiante toma un turno de 1 o 2 minutos mientras los otros escuchan, luego se intercambian los trabajos. Esta aproximación es similar a el extenso dyad descrito a continuación, pero usualmente se enfoca en un tema más especifico como “Qué acabo de oír que sea nuevo para mí”, después del cual se puede pedir que se realicen más preguntas. Espere lo mejor de sus estudiantes, aun si las califaciones de sus exámenes están por debajo de lo que ellos esperaban. Espere que las mujeres así como los hombres se comprometan en actividades desafiantes, compitiendo por becas o prácticas profesionales, y teniendo altas aspiraciones. El profesor de biología de penachos (plumas) Saul Slapikoff (1985) describe su descubrimiento, a través de observaciones hechas con su colega Sara Freedman, de su propio foco inconsciente de hombre, a pesar del hecho que su curso incluye una especialización en el sector de desacreditar mitos científicos acerca del sexismo y que esta insignificante mayoría de estudiantes fueran mujeres.

4. Apoye a sus colegas notificándoles cuando hacen las cosas bien. Coménteles a sus colegas lo que ha aprendido de sus presentaciones en seminarios o de otras cuestiones. Cuénteles cuando los estudiantes los halagan por ser buenos profesores. Casi a todo el mundo, hombres y mujeres por igual, se les ha dicho constantemente “No han hecho lo suficiente” y “Lo podrían hacer mejor”. A ninguna persona le gusta que le notifiquen que no ha hecho algo bien. Usted probablemente encontrará, que otros se ocupan y aprecian su trabajo. Para un futuro, usted deberá consultar más frecuentemente y abiertamente cuales son las mejores conexiones para usted.

Construyendo enlaces con otros
Históricamente, las mujeres que han desafiado exitosamente instituciones y pólizas opresivas, han sido auxiliadas por aliados –– hombres y unas pocas mujeres en altos cargos. Gracias a estos aliados que pueden ejercer sus poderosas influencias para cambiar las condiciones externas, nuestra meta es persuadir a cada persona que juegue un papel de líder que se convierta en un aliado. Debido a que estos potenciales aliados han estado socializados al papel que juegan los sexos y al liderazgo en las instituciones, esto los puede tentar a verse como los enemigos del progreso. Sin embargo, vemos que la mayoría de ellos son buenas personas, haciendo lo mejor que pueden bajo la presión que el sistema ejerce sobre ellos, los cuales algunas veces usan una imagen más inclusiva de los científicos y la ciencia, y los cuales se podrían beneficiar de una larga imagen de su propia significado.

Recomendamos entonces, tres maneras de establecer conexiones con potenciales aliados y ayudarlos a incluir mujeres en sus pensamientos y reconocer su propio significado.

1. Aprecie de una manera sincera lo que han hecho bien. Su compromiso con ellos como seres humanos contrarresta los estereotipos acerca de las mujeres científicas. Use su sistema de apoyo y sesiones dyad para recordar que esos aliados potenciales son buenas personas que podrían estar más concientes de su propio poder. Utilice dichas sesiones para recordar los momentos en que estos aliados actuaron en su favor o cuando usted actuó como aliado para alguien más y para expresar o liberar cualquier sentimiento que le permita crecer. Esto lo ayudará más fácilmente a recordar que usted realmente quiere cultivar una conexión con alguien que parece diferente y más poderoso que lo que usted es.

2. Comprometa potenciales aliados en discusiones de publicaciones, tanto escuchando como pensando, y desafíelos a considerar alternativas de información e ideas nuevas que reflejen la equidad de sexos, o maneras más imaginativas de implementar las pólizas. Dígales que un sistema de igualdad en los sexos incluye mujeres en proyectos desde el principio, y van más allá de estos mismos (proyectos), tratando de adaptarse a un sistema, formulado originalmente sin referencia alguna de la participación de las mujeres. Desafíe el sistema sin culparlos, demostrando ante todo su fiel oposición ante sus adversarios. Mientras éste activismo tome conciencia y energía, es efectivo si se mantienen la esperanza y el sentimiento de ser poderosos. Use su red auxiliar y las sesiones dyad para evaluar aquellos sentimientos que aparezcan cuando usted se autoevalúe, para asegurarse que estuvo bien hecho en aquellas interacciones, que podría haber hecho diferente, y cuales serían los siguientes procedimientos.

3. Cuando usted tiene aliados en alto rango, hombres o mujeres, recuérdeles que son bondadosos y solidarios. Anímelos a recordar aquellos momentos donde resistieron la presión de excluir a otros (por ejemplo, evitar promover la burla de otro niño en la escuela). Anímelos a recordar los momentos en que ellos u otras personas tomaron riesgos en beneficio de otros, y momentos en que personas les brindaron su apoyo. Recuérdeles que los seres humanos cometen errores pero pueden solucionarlos frecuentemente. Estos recuerdos algunas veces provocan fuertes sentimientos, cuya expresión y liberación producen risa, llanto, bostezos, furia, sudor y temblor.

En camino a la igualdad del género
Todos nosotros, conforme vamos creciendo dentro del sistema, somos sometidos al aislamiento y presión por parte de personas que ocupan puestos altos. Si aspiramos a ser líderes seremos igualmente vulnerables a menos que trabajemos activamente para conectarnos a los otros y así poder reclamar nuestra inteligencia y voz. Por esta razón trabajo continuo en nuestros sentimientos –– dentro del contexto de una red de apoyo –– es una excelente manera de prevenir consumirse a sí mismo y que podría de otro modo volverse más visible dentro de la sociedad. Recomendamos procesar los sentimientos como una vía de cambio de actitudes; de otro modo las pólizas sexistas pueden retomar nuevas apariencias.

El desarrollo de la ciencia dentro de sociedades que fueron y son sexistas, y una gran cantidad de documentos de literatura que persisten en representar la inequidad en la representación del papel de la mujer en la ciencia (por ejemplo, Nelson 2001; Hopkins 1999 y 2002; National Research Council 2001). Como mujeres científicas tenemos mucho que contribuir a la ciencia –– si nos dan la oportunidad de hacerlo. Nuestras propias iniciativas fortalecen nuestra propia conexión y auto confianza. Del mismo modo nuestra iniciativa colectiva también contribuyen a cambios penetrantes en el campo (Hopkins 1999), por lo tanto esa inclusión será parte de una cultura de científicos. Todos ganarán de dicha inclusión. Como los puntos tratados por Windnall (1988) acerca de los programas de postgrado en ciencia, mejorando el clima humano y profesional de nuestras instituciones científicas beneficiando a todos los interesados –– ambos tanto hombres como mujeres.