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El
“problema” de las mujeres en ciencias: ¿Por
qué es tan difícil convencer a las personas que
existe un problema?
By
Sheila Tobías
En
este volúmen, Shirley M. Malcom presenta algunas de las
desalentadoras estadísticas acerca de las mujeres en
ciencias. Hay varias interpretaciones de lo que significan estas
estadísticas —- pero todavía es
sorprendentemente difícil convencer a los científicos
que hay un problema o que es su problema y que no es la
culpa de las mujeres científicas.
He
gastado los últimos 20 años como feminista, analista
y activista —- en este orden — ya que los análisis
deben preceder el activismo si la póliza de recomendaciones
está para ser efectiva. Durante los últimos 8 años
de esos 20 años, he estado estudiando la ideología
de la ciencia y los logros de la ciencia. Este estudio me ha
permitido enlazar la ideología de patriarcado con la
mitología que domina la búsqueda por un nuevo
talento científico.
Patriarcado Desde
el punto de vista feminista, un patriarcado es la dominación
de la sociedad por parte de los hombres, cuyo propósito
principal es edificar y mantener cierto poder sobre la mujer. En
tal sociedad (y nosotras feministas creemos que vivimos en uno),
mucho de lo que tomamos por tradicional o aún por
“verdadero” es realmente una manipulación
política para mantener desequilibrio en el poder de las
relaciones entre hombres y mujeres.
Esto
no necesariamente implica una conspiración, en la cual cada
hombre coincidiría con otro hombre para mantener a la mujer
lejos del poder. Al contrario, en el placer de la ventaja
individual y privilegio, la mayoría de los hombres acceden
al sistema que se encuentra en a su alcance y no tienen ningún
interés en particular de realizar un cambio.
El
primer bosquejo de esta teoría en tiempos modernos fue
hecho por la teórica Kate Millett (1970), quien observó
que había tres dimensiones en las cuales los hombres y las
mujeres son diferentes: temperamento, rol y estatus. Ambos, el
hombre en la calle y el psicólogo tradicional afirmarían
que las mujeres son temperamentales, lo cual es, psicológicamente
diferente de los hombres. Las mujeres, ellos creen, son más
pasivas y los hombres más activos; las mujeres son más
dependientes, y los hombres, más independientes. Si tales
teorías son verdadesras, significa que la mujer está
menos cómoda y le gusta mucho menos buscar una vida por sí
misma. En términos racionales, esas teorías afirman
que las mujeres son intiutivas y confian en sus sentimientos
verdaderos, mientras que los hombres se preocupan más en lo
que se puede demostrar como verdadero y son más
sistemáticos en sus pensamientos.
Considere
lo que esas “diferencias de sexo” significan para las
mujeres en la ciencia.
Una
segunda dimensión —- el papel de los adultos —-
los patriarcas quieren personas que crean que la diferenciación
del rol de los adultos es tan “natural” como (y,
verdaderamente, crece fuera de) las diferencias del pensamiento.
El deseo natural de las mujeres de casarse y de establecer un
hogar es tan natural para las mujeres como para los hombres la
necesidad de dejar huella en el mundo externo. La mujer es una
entidad privada; el hombre es una pública.
Finalmente,
como consecuencia inevitable de la diferenciación de roles,
los hombres disfrutan un estatus más alto que las mujeres,
porque lo que los hombres quieren y hacen es socialmente más
importante que lo que las mujeres quieren y hacen.
Virginia
Woolf, una de nuestras inspiradoras, una vez observó que
Leo Tolstoy era considerado mejor escritor que Jane Austen ,
porque él escribía acerca de guerra y paz, mientras
que Austen se limitaba a los dramas de las relaciones
interpersonales. Pero Woolf preguntó, ¿quién
decide que la guerra es más importante que las relaciones
interpersonales? La gente — la sociedad de la cual el
novelista escribe y es leída. Como los hombres obtienen
estatus de lo que hacen, el argumento es cíclico; lo que
hacen los hombres es más importante porque los hombres lo
hacen.
Resumiendo,
una visión popular, la cadena causal de
temperamento-rol-estatus empieza con temperamento y termina con
estatus. Las diferencias de temperamento, las que supuestamente
coinciden con el nacimiento, conllevan inevitablemente,
lógicamente y naturalmente con las diferencias de rol y
estatus. Desde que la clave en años del progreso
profesional (en nuestro campo) este entre 25 y 40, en los años
cuando una mujer “normal” puede llevar a cabo su
desarrollo materno-hogar, los hombres terminarán en
posiciones de estatus alto que las mujeres.
Tradiciones
al revés De esta manera Millett explicó
como funciona el patriarcado. Pero su contribución más
importante fue simplemente revertir esta cadena causal, más
en la manera en que decimos nuestra teoría política
de estudiantes que en la cabeza de Marx Stood Hegel. El estatus,
arguyó Millett, viene primero. Para el patriarcado, la
tarea más importante es mantener la superioridad de los
hombres sobre las mujeres. Para hacer esto, mantener a las mujeres
alejadas del poder, a las mujeres se les asignan roles que las
ocupa en vigilar el aislamiento proporcionado por otras personas.
¿Cómo
asignan estos papeles? ¿Y qué ocasiona que una mujer
los acepte? Con brillante perspicacia, Millett precisó a la
gente profesional (comportamiento social en científicos,
terapeutas y educadores) empezando un nuevo "sacerdocio",
ejerciendo comportamiento social por medio de la redefinición
de que es "normal" y que no lo es. Permita que la mujer
declare que el papel de madre es estrecho y que la comprime, y se
encontrará que ella es antinatural, anormal y que necesita
ayuda profesional. Y esto, es lo que Millett nos ayuda a ver, es
el castigo moderno para un inapropiado comportamiento.
Ya
que esto aclara muchas de las tradiciones previamente aceptadas, y
por lo tanto nos pone furiosos, el analisis de Millett fue una
poderosa motivación para el nuevo feminismo de 1970. Su
afirmación ha tenido un impacto tal y como lo tuvo la
revolución Copernica. Tal y como algunas presunciones
acerca de que el temperamento de las mujeres, los roles y el
estatus, pueden ser anulados, así mismo fue cuando
Copernico lo hizo con la tierra, afirmando que el sol era el
centro del sistema solar. Millett influenció a muchas
mujeres en los principios de 1970, para que obeservaran las
disposiciones que se habian hecho respecto a sus vidas, sus
relaciones con los hombres y con otras mujeres, y el resultado con
frecuencia fue la experiencia "click": cuando las
mujeres de repente ven las circunstancias en estos términos
políticos, algo hizo "click” y la vida nunca
volvió a ser la misma.
Implicaciones
para las mujeres en ciencias Creo que el
temperamento requerido para un trabajo dedicado y original —-
la clase de trabajo que lo mantiene despierto toda la noche, el
“yo no puedo pensar en algo más que no seas tú,
porque he tenido esos pensamientos creciendo intensamente” —
es antitético para lo que es considerado un comportamiento
normal para una mujer. En la medida en que ella experimente los
sentimientos de un científico, ella no es femenina, y en la
medida en que ella experiemente las necesidades de su naturaleza
femenina, no será tomada en serio como una científica.
El tiempos relativo al embarazo, cuando una mujer esta saludable y
tiene la mayor energia para la crianza de sus hijos, coincide con
el tiempo en el cual se puede alcanzar un nivel máximo en
una profesión. Al punto que ella esté tentada a
tomarse un descanso, el costo de la carrera de una mujer, dado el
dominio al modelo masculino en la ciencia, será un precio
muy alto que pagar. Cabe notar que muchas de las razones que
muchas mujeres dan cuando abandonan la ciencia y las razones que
los hombres dan por no animarlas a quedarse, involucra esta doble
atadura.
Los
sitios donde los análisis de Millett se aplican, en
particular a las mujeres en la ciencia, es en su consideración
en cuanto a esta doble atadura. Existen solo tres papeles
apropiados para la mujer en nuestra sociedad: el papel de madre,
el de esposa (en la ciencia, como investigadora asociada) y por
último el papel decorativo (el cual sólo es posible,
incidentalmente, cuando usted es joven). Si usted no encaja
naturalmente en ninguno de estos, usted ha comprado una cuarta
opción: la bruja-perra.
Las
profesiones consideradas apropiadas para las mujeres, son
extensiones de estos tres papeles. Trabajando con ninos o con
personas de edad avanzada en centros de cuidado, es por supuesto
una extensión del rol de madre. Las mujeres que son
investigadoras asociadas toda sus vida, o secretarias, o
asistentes están jugando el rol de esposa para aquellos a
los cuales sirven. Y las mujeres que trabajan en el medio de
entretenimiento, de una u otra forma, son objetos decorativos.
Juventud
y Genio Dentro de la ideología de la ciencia
una predisposición adicional esta activa que no vemos en
las otras profesiones: ésta es la idea más poderosa
que un trabajo realmente bueno debe ser hecho cuando la científica
esta joven. Si una mujer vuelve a la universidad a realizar
ciencia a los 35 años, aún si ella intenta pasar los
próximos 30 años como tiempo completo, sus colegas
tienden a creer que es muy poco probable que ella haga una mayor
contribución. La ciencia como la diversión de una
persona joven es un mito que origina información
seleccionada desde los siglos 18 y 19 cuando los hombres (y las
mujeres) no vivian mucho tiempo, esto es lo más probable de
acuerdo al número de historiadores de la ciencia,
incluyendo a Thomas S. Kuhn (1970) y C. Stewart Gillmor (mayo 15
de 1984 y 1972), otra variable es en el trabajo además del
número de células cerebrales en un joven: novedad en
el campo. Ver además Paula E. Stephan y Sharon G. Lewin
(1992), Jonathan R. Cole (1987), y Harriet Zuckerman, Cole, y Jhon
T. Bruer (1991).
Al
final, por supuesto, el conocimiento es el poder, y además
no es sorprendente que cualquier grupo dominante hará lo
posible para mantener a los grupos subordinados fuera del
conocimiento. Sabemos que durante la esclavitud y aún más
allá, a los Africo Americanos se les prohibió
aprender a leer, la primera herramienta del conocimiento. En el
mismo espíritu, cada poder colonial ha mantenido sus
“nativos”, en una dirección limitada hacia la
educación. Como mujeres, buscar los más altos logros
en alcanzar conocimiento, lo cual les brindará no sólo
estatus y poder, exactamente lo que la estructura patriarcal esta
diseñada para prevenir.
El
tercer género Siempre ha habido mujeres
científicas. Cómo lucharon ellas contra aquellas
tradiciones y restricciones? La mayoría, como Margaret W.
Rossiter (1982), Evelyn Fox Keller (1985), y Vivian Gornick (1990)
han documentado ampliamente, aceptando las restricciones y
acomodando sus ambiciones a la necesidad de los hombres de
dominación. Hasta la nueva ola de feminismo al rededor de
hace medio siglo, la estrategia de sobrevivencia de las típicas
mujeres americanas cientificas fue persuadir a los hombres de que
les enseñaran, las financiaran y con los que ellas
trabajaron (Betty Friedan dice sin reparos) había 3 sexos
—- hombres, mujeres y yo. “Lo que debe ser cierto para
las mujeres en general, no lo es para mí” así
lo afirman las mujeres.
Para
demostrárselo, haré de mi misma lo más
parecida a usted, el sexo dominante, tanto como pueda. Negaré
mi hermandad con otras mujeres, si ese es el precio que tengo que
pagar, privarme de mi familia, si es necesario. No tendré
esposo, pretenderé no tener visa social y ciertamente no
expondré mi sexualidad. Usted muy seguramente podrá
concluir que no soy como las otras mujeres y por lo tanto no
merezco un estatus femenino.
Hay
documentación para este modelo de acomodación, lo
que Sheella Mierson y Francie chew llaman sexismo internalizado
y otras el síndrome de la abeja reina.
Rosster, historiador de mujeres americanas en la ciencia, nos dice
que las mujeres científicas estuvieron agradecidas por la
tradición de utilizar iniciales y no nombres, en documentos
de investigación, de esta manera ellas pudieron aparecer
como hombres (esto es para desaparecer a la mujer) como pudieron.
Rossitter expone que muchas de estas luchadoras, rechazaron
responder cuestionarios acerca del ser mujer en un mundo de
hombres. Aquellas que se casaron siguieron a sus esposos como
investigadoras asociadas, felices de poder hacer ciencia.
Cuando
Gornick entrevistó a 100 mujeres científicas en los
años setentas, algunas de ellas cercanas a los sesentas y a
los setentas, le reportaron haber tenido “buena vida”.
No se les ocurrió que pudieron haber tenido mejores vidas
si hubieran hecho ciencia en un nivel más alto, si hubieran
estado dispuestas a luchar por lo que se merecían. Ellas no
han organizado, ellas no han hecho olas, no se han quejado. Dichas
mujeres pudieron hacer ciencia, más aún, buena
ciencia pero —- y esta es mi interpretación —-
empezar en “rechazo” de como sus propias vidas y
trabajos han sido afectadas por su género, no podrían
haber sido buenas mentoras para las jóvenes. Ellas han
interiorizado los valores de sus opresores, como lo dirían
las feministas.
Como
hombres, aquellas mujeres científicas probablemente
coinciden en que, en promedio, las mujeres no son buenas
científicas como los hombres —- ellas, por supuesto,
son la excepción. Dichas mujeres , probablemente han tenido
tan poco tiempo y tolerancia por los conflictos de género,
como los hombres con los que trabajan. Tal como una mujer joven
que viene a hablar acerca de sus necesidades para la programación
de su embarazo, puede encontar en mujeres científicas
viejas un oido sordo, así como lo puede encontar en los
hombres. Por supuesto, hubo excepciones, pero esta negación,
como lo dicen los historiadores, fue la norma.
Cuando
la anunciada biografía de Keller, sobre la difunta Barbara
McClintock’s apareció (ver entrevista con Bill Moyer
con Keller), argumentando que la perspicacia de McClintock en la
genética fue “femenina”, en su desafio para
dominar , comandar y controlar el paradigma en la biología
celular convencional y que tal aislamiento como cientifica fue
relativo al género, la respuesta de McClintock fue:
“hogwash”. Ella insistió que no habia nada en
su trabajo que tuviera algo que ver con masculinidad o femeneidad.
A pesar del mal trato por parte de este establecimiento
científico, ella continuó interiorizando los valores
de la clase dominante hasta el final de su vida.
El
feminismo ha sido una fuerza en la política americana por
20años. En vez de negar la hermandad femenina, la mujer de
hoy está dispuesta a asociarse con otra mujer y ella conoce
que la estrategia hombre-mujer-hombre debe fracasar. Pero, así
como persevera su carrera científica, corre hacia una
visión que es ciencia y que hace que un buen científico
sea soportado por la mayoría de sus colegas y mentores
masculinos — visión que no se cambiaba desde los
sesentas.
Muchos
profesores de postgrado bien intencionados, directores de
laboratorio y decanos pueden y puntualizan con orgullo su
imparcialidad en el manejo de sus mujeres estudiantes y la
ausencia de sexismo, chovinismo, y acosos sexuales en sus campos
de acción. Individualmente ellos, hacen caso a este tipo de
temas, porque, superficialmente, se liberaron. Pero cuando una
mujer científica falla, o renuncia, o no logra su
potencial, ellos todavía la culparán por todo. Ellos
todavía no están dispuestos a examinar el
comportamiento de la falla de la mujer en términos de hacer
prevalecer las normas (en política se llama ”sistemas
de creencia”) en ciencia.
En
busca de “excelencia” ¿Por qué
mejorar la perfección? El buscar abrir la ciencia,
feminizarla, confronta serias oposiciones. Miles de científicos
no creen que la ciencia pueda ser mejor de lo que es. Cuando la
presidenta de la universidad de Radcliffe, Linda S.Wilson,
química, en una charla en la Academia Nacional de Ciencias,
criticó la competitividad y la rivalidad en la ciencia hoy
en día, la respuesta de la ciencia a su reporte en “The
scientist” (enero 20,1992) fue, en un tono furioso, que
ellos simplemente defendian la “excelencia”. Tal
antrincheramiento de científicos piensan que la calidad de
la ciencia americana, por lo menos a un nivel de postgrado, es la
mejor en el mundo —- educacionalmete, lo mejor que puede
ser. Esta aproximación, la cual es elitista, significa que
sólo unos cuantos pueden hacer ciencia; de aquí que
el proceso educacional debe ser selectivo, debe eliminar a todo, y
sólo los que encajen en los primeros años de
universidad clasifican en una curva.
Predestinariarismo
— un término que tomo prestado del Siglo XVII de la
teología protestante, también se mantiene en el
camino de la reforma. Muchos científicos creen que las
personas que van a hacer ciencia, nacieron no se hicieron, y lo
será descubierto tempranamente. Esta es la razón por
la cual, cuando los científicos se interesan en la
educación, ellos tienden a arreglar esto con la enseñanza
de los más jóvenes. La educación dirigida por
la Fundación Nacional de la Ciencia, por tomar un ejemplo,
gasta como $500 millones por año en ciencia
preuniversitaria, y al rededor de $70 millones en ciencia de
grado. ¿Por qué esto? Porque muchos científicos
creen que sólo la inversión en educación para
niños es lo que probablemente recompensará.
El
tercer componente de la ideología dominante que se resiste
al cambio en la práctica de la ciencia, es la idea de que
la ciencia, a diferencia de otras profesiones es un llamado. Como
resultado, temas de movilidad y familia son necesariamente
secundarios al trabajo. Esta tradición no sólo
inhibe a la mujer; también ejerce peso en muchos hombres.
Recientemente un estudiante de doctorado en química le dijo
a su presidente que él no quería dejar la ciudad
porque su esposa estaba escalando en su trabajo en un banco. La
respuesta de su profesor fue dejar de a este estudiante a
encontrar una posición posdoctoral, exponiendo; “Si
usted no va a tomar su carrera seriamente, yo no tengo porque
hacerlo”. Este profesor hablo enteramente de ideología.
El no tenía datos de que hombres casados con mujeres
independientes llevaban una vida más productiva en la
ciencia que aquellos hombres que no lo eran. Su visión poco
reflexiva fue que un científico se debe enfocar — sin
importar el costo personal — continuamente en su carrera.
Al
conectar todas estas barreras para cambiar la práctica de
la ciencia esta el solipsismo, la tendencia de encontrar verdad e
inevitabilidad en nuestra propia experiencia. Los hombres en la
ciencia —- profesores y mentores —- van a extrapolar
desde su propia experiencia para ayudar en los proyectos de las
mujeres. Con la mejor de las intenciones, ellos dirán:
“cuando tenia 28 años, yo…” o “después
de mi doctorado”, yo…”, lo cual puede ser
relevante o no para la mujer. En las mejores circunstancias, la
mujer los puede educar, y explicarles porque este campo específico
de su carrera no es apropiado para ella. En el peor de los casos,
así como lo describió un joven químico, ellos
pueden pensar menos del estudiante, quien no se separa de sus
huellas familiares.
Ninguna
de estas fuerzas conservadoras — elitismo, ciencia como un
llamado o solipsismo — está particularmente en contra
de la mujer. Pero todas estas cuatro filosofías tiene
efectos desproporcionalmente negativos en cualquiera cuyo estilo
de vida o valores o expectativas no se reflejen en ellos.
Propósito:
cambiar el dogma científico Es tan difícil
argüir a alguien fuera de estas creencias que han funcionado
muy bien para sus colegas y para sí mismo como persuadir a
alguien para cambiarse de religión. La estrategia feminista
desde los finales de 1990, cambió de un argumento acerca de
medios y se enfocó en resultados.
En
el primer estado de nuestro camino a la igualdad, las feministas
intentaron lograr la igualdad de oportunidades y justicia, la cual
se asumió como un sinónimo de imparcialidad.
Nosotros pensamos que si pudimos sólo remover las
barreras—privilegio masculino, segregación y
prejuicios—- podremos lograr la igualdad educacional. Luego
, aclarándose todo, aún sin las barreras, las
mujeres y los hombres tienen diferentes experiencias en la
escuela. Las minorias de estudiantes son las mayores. Los
profesores se influencian por estereotipos, estatus latente, color
de la piel y origen étnico.
Las
feministas activas y los investigadores, aprendieron muy pronto
que remover las barreras no fue suficiente. Será necesario
de alguien que logre igualdad en la experiencia. ¿Cómo?
Algunas aproximaciones incluyen todas mujeres en las clases de
matemáticas, matemáticas de verano, entrenamiento
compensatorio, conciencia en las carreras, aumento de conocimiento
y un poco más de autoestima en matemáticas y
ciencia. La prueba de si ellos han tenido igualdad de experiencia,
podría ser si hay igualdad de consecuencias.
Hoy
en día, la posición de un educador feminista es: no
importa como una institución llego allá, las reglas
que se adoptan o las reglas que se cambian. Queremos ver mujeres
igualmente representadas a lo largo de los campos en ciencias y
matemáticas y en las carreras de ciencias y matemáticas.
(Ver Elizabeth Fennema 1990). Algunos estudios longitudinales
acerca de niños talentosos muestran que si de 8% de la
mayoría, 1% de los que tiene logros en matemáticas
son muchachos que logran un doctorado, entonces lo que se quiere
ver es que de un 8% de la mayoría, un 1% sean mujeres con
facilidades en las matemáticas haciendo lo mismo.
Cualquiera que sea el comportamiento del individuo, estamos
buscando reunir resultados. Así que por cada mujer que se
salga, tienen que haber algunas mujeres que se atrigan.
Los
beneficios para el género humano Cualquier
cosa que hagamos para mejorar la realización de la mujer en
la ciencia es muy probable que también vaya en beneficio
del hombre. Ya hemos visto evidencia de esos cambios que hacen
sentir a la mujer más segura y comoda en matemáticas
y ciencia —- atención personalizada en una atmósfera
más cooperativa —- ayuda también a los
hombres. En respuesta muchas feministas están cambiado el
enfoque de diferencias individuales a una perspectiva más
organizacional. Ver Mary Frank Fox (enero,febrero 1993)l
No
le volvimos a pedir a las mujeres que se adaptaran a las
estructuras ya existentes, pero si negociar desde la fuerza en los
cambios para establecer instituciones y lugares para trabajar.
Esto significa para las científicas feministas no deber
buscar por paliativas pero si por más acción
radical. Para hacer un impacto duradero, las mujeres jóvenes
en ciencia deben adoptar el feminismo y reconocer ambas cosas,
tanto la deuda por el nacimiento de las feministas en 1970 y su
obligación para servir similarmente a las necesidades de la
próxima generación de jovenes mujeres. No hay ningún
cuestionamiento en mi mente , que este país no pudiera
haber sacado el modelo de dominación masculino y que no
haya forzado a abrir las puertas durante las pasadas dos décadas.
Si una mujer en la ciencia se ve a ella misma como “politica”
o no, fuera del sentido de la obligación, o como un deseo
para cambiar la historia, todos han delimitado la lucha.
Hay
una terrible marca de traición en el feminismo americano
(documentado por Susan Faludi 1992): cada 75 años tenemos
que empezar de nuevo desde los rasguños. Nuestro movimiento
desaparece de los libros de historia y de nuestra conciencia. Por
nuestro bien, por el bien de nuestras hermanas menores, asegurése
que esto no vuelva a suceder.
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